Algunos de los cientos de árboles que el Ayuntamiento de Níjar tala casi continuamente, quizá porque piensan que lo verde no es bueno para el desierto, se empeñan en hacer la contraria a la política desforestadora institucional. Este Gobierno Municipal parece estar convencido de que el cemento, el ladrillo y el hormigón son más rentables y le dan al Parque Natural un aire más moderno y progresista.
En este caso voy a referirme a la localidad costera de San José, que está actualmente tan reventando de gente como escasa está en los servicios municipales. Y, más concretamente, voy a hablar del Parque de La Molina, que alguien calificó como la joya verde de San José.
Pero, acercándome aún más, junto a la pista de pádel, entre ella y las cercanas viviendas que los jugadores animan a pelotazo limpio durante todo el día y parte de la noche, brilla permanentemente lo que a los vecinos nos parece “la luz del sol”. Claro, como a los señores munícipes (esto se inició con la anterior alcaldesa) les parecía que no se debía privar a los vecinos de disfrutar de la iluminación nocturna de las pistas, decidieron suprimir la pantalla que podían suponer las hojas de los árboles contra la contaminación acústica y lumínica intrusiva y, so pretexto que un vendaval rompió algunas ramas de uno de los árboles, decidieron cortar por lo sano (en el sentido más literal de la palabra) y acabar con el árbol deteriorado… y también con todos los del alrededor.
Pero hay uno de ellos, el que vemos en la foto, que intenta resistir numantinamente a la inquina municipal, procurando sobrevivir contra viento y marea y se ha decidido a emitir nuevos brotes. Otros han tenido menos suerte. Ignoramos cuánto tardará la motosierra municipal en acabar con tan nobles aspiraciones de este voluntarioso ejemplar.









