La climatización pasiva en Almería

La arquitectura tradicional andaluza, con muchas reminiscencias árabes, utiliza claros elementos de climatización pasiva.
Opinión
El autor de este artículo de opinión

Mari Carmen Sánchez Santos. Arquitecta técnica.

La climatología seca y árida de Almería, con pocos periodos de lluvia, han hecho que, desde tiempos ancestrales, los habitantes de esta zona sean expertos en convivir en este contexto. Contamos con muchos testimonios de la arquitectura popular almeriense como síntesis de la mediterránea, que dan muestra de ello, aunque desgraciadamente, el proceso de deterioro de esta, no ha cesado durante las últimas décadas. No obstante, ha aumentado la conciencia sobre el valor de dicha arquitectura entre algunos sectores amplios de la población, que cada vez más son conscientes de la importancia de dicho patrimonio y de la necesidad de su conservación como testimonio de una identidad compleja del territorio almeriense, que a su vez nos aporta múltiples elementos de convivencia con su clima.

Actualmente, desde los diferentes medios de comunicación, hasta los comercios del barrio, el primer tema de conversación es “la calor”, que si estamos inmersos en una ola de calor, que si se está batiendo un nuevo récord de temperaturas máximas, pasa a ser uno de los temas protagonistas ahora que es verano, pero cuando llegan otras estaciones tenemos otros fenómenos climáticos: huracanes, inundaciones, heladas, …, que igualmente baten récords y a los que nos estamos acostumbrando a vivir sin que parezca que sean asuntos nuestro.

De que estamos inmersos en un cambio climático no se debe tener ya dudas, aunque es cierto que existen datos históricos de periodos de oscilación térmica, este incremento prolongado en el tiempo nos indica que no se trata de un ciclo igual a los anteriores, sino que, tal como confirman la estadística y estudios científicos contrastados, estamos ante un cambio climático.

Como consecuencia directa de este aumento térmico, tenemos un aumento de consumo energético, debido a que para poder vivir adaptándonos a esta situación y combatirlo, estamos utilizando, cada vez más, mecanismos y sistemas que necesitan de la energía eléctrica, u otras formas de energías, basadas en primera instancia, en su gran mayoría, en los combustibles fósiles, aumentando el uso de éstos, que son los principales causante de la contaminación del planeta, pues de sus usos, directos o indirectos, deriva el efecto invernadero, fenómeno generador del aumento térmico de la superficie terrestre.

Como podemos deducir de esta situación, estamos inmersos en una espiral de consumo, generación y, consecuentemente, aumento de temperatura, de la que estamos obligados a hacer algo para salir, para frenar el proceso y en el mejor de los casos permitir al planeta su sanación, desde su autogeneración.

Tal y como he indicado al comienzo, en Almería “de la calor” se sabe “una jartá”, y es por ello que una vez más debemos mirar hacia atrás y recurrir a la memoria histórica para buscar soluciones, escuchar y atender a los testimonios que existen y de los que aún quedan evidencias sobre las diferentes formas de climatización pasiva que se han ido practicando desde la experiencia y se han ido enseñando de padres a hijos desde la convivencia y que, aunque ellos no lo supieran, tienen explicaciones científicas.

Son estas estrategias y técnicas de diseño arquitectónico las que debemos poner en práctica, aprovechando las condiciones naturales del entorno para mantener el confort térmico en nuestras viviendas.

Empezamos destacando la importancia de la orientación y del diseño de la edificación, buscando el máximo aprovechamiento del sol en invierno y el mínimo en verano. Para ello recurrimos a la orientación sur, ya que nos encontramos en el hemisferio norte, si a esto añadimos la creación de aleros perimetrales capaces de desarrollar sombra sobre los paramentos verticales, ayudándoles a mantenerse frescos, y sumamos la colocación de persianas y la incorporación de vegetación y arboleda que protejan del sol en verano y permita su entrada en invierno.

La utilización de vegetación es muy variada pero siempre va a aportar una mejora del confort, la arboleda cercana a la edificación debe de ser de hoja caduca que no permita el paso del calor en verano y permita pasar la luz en invierno. Otros elementos de gran importancia en los exteriores es la presencia del agua, el aprovechamiento de la evaporación del agua permite reducir la temperatura del aire, esto está aún presente en algunas pequeñas poblaciones en forma de fuentes y estanques, en la arquitectura moderna se está incorporando en forma de paredes húmedas y pequeñas cascadas. Este conjunto de elementos están visibles en el legado de la arquitectura islámica que quedó en esta tierra y que como mejor ejemplo podemos observar en la Alhambra.

Siguiendo con los aspectos técnicos, no podemos restar importancia a la elección de los materiales, estos deben poseer un alto grado de aislamiento térmico, desde los clásicos pétreos y naturales (arcilla, piedra, madera y corchos) a los más modernos (lana de vidrio, de roca y poliestireno expandido), evitando al máximo la creación de puentes térmicos por donde se puedan producir transferencias elevadas de temperatura. Otra propiedad relevante de los materiales es su color ya que de este depende la cantidad de luz que absorbe o refleja, es decir, si la pared de una edificación es blanca, pasará menos calor al interior dado que la luz al incidir rebotará como si fuera un espejo, lo contrario ocurre cuanto más oscuro es este, pudiendo llegar a convertirse en un acumulador de calor. A ello se debe que el paisaje de nuestros pueblos sea de color blanco, de orientación sur y calles estrechas donde casi todo el día podemos encontrar una sombra donde refugiarnos del calor.

Si hay una técnica donde la arquitectura almeriense tiene gran experiencia es la de la distribución de los espacios para crear corrientes de aire naturales que permiten ventilar y refrescar el edificio. Se crean aperturas en lados opuestos y si es posible añadimos que entre estas se produzcan diferencias de altura para crear corrientes ascendentes del aire caliente.

Además de todas las mencionadas son muchas más las aplicaciones que se pueden realizar de climatización pasiva que quizás no sean tan relevantes para nuestra zona pero sí lo son para lugares más fríos, especialmente las destinadas a aportar calor a la edificación a través de grandes acristalamiento y otros métodos que no vamos a ver ahora.

Tras este análisis espero aportar algo de luz sobre cómo romper esa espiral de aumento térmico antes mencionada, a través de la implementación de las estrategias de climatización pasivas enumeradas, en su combinación adecuada puede hacer una edificación sostenible y eficiente, proporcionando confort térmico con un mínimo impacto ambiental y gasto energético.



No es por casualidad que se generalice el color blanco en las fachadas andaluzas.

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