¿Turismofobia en el Cabo de Gata?: ¡todo se andará!

Invasión de turismos, camper y autocaravanas, de noche, en la Rambla de San José. La fila, a ambos lados de la rambla, abarca desde la carretera hasta la playa
Opinión
El autor de este artículo de opinión

José Francisco Cano de la Vega

La acumulación de basura y suciedad en las playas y en los pueblos del Parque Natural del Cabo de Gata se está convirtiendo en un serio problema que excede del ámbito local y que ya se conoce tanto a nivel andaluz como, incluso, a nivel nacional.

Y algo muy similar ocurre con las playas, tanto en las urbanas como en las naturales. A pesar de los indudables esfuerzos municipales para mantener su limpieza, según avanza la temporada, la porquería y los deshechos se van apoderando de ellas y de su entorno. En este sentido, se debe recordar que la competencia para su limpieza, que se recoge tanto en la Ley de Costas (art. 115.d) como en su Reglamento General (art. 225.d.), que establecen entre las competencias municipales el “mantener las playas y lugares públicos de baño en las debidas condiciones de limpieza, higiene y salubridad (…)».

Para las asociaciones vecinales de los pueblos del Cabo de Gata, este problema supone un verdadero caballo de batalla. Porque la masificación del turismo en la zona no sólo está suponiendo un incremento muy importante del número de personas en un espacio muy frágil y que en absoluto dispone de infraestructuras preparadas para recibirlos, sino también un cambio muy importante del perfil de los turistas que nos están llegando.

No es sólo la limpieza

Cada año, tanto los establecimientos hoteleros, como los restaurantes y los propios vecinos expresan de forma muy clara su queja por esta cuestión. Los turistas amantes de la naturaleza, respetuosos con el medio ambiente y con las normas básica de convivencia a los que estábamos acostumbrados, están desapareciendo poco a poco, al tiempo que son sustituidos por el peor turismo playero, en el que predomina el desconocimiento absoluto del Parque Natural en el que están, el desprecio por su cuidado y el respeto a los demás.

Pero este comportamiento no sólo se manifiesta en la falta de respeto a las normas de limpieza. El comportamiento macarra y falto de educación en los establecimientos de restauración, en los supermercados y en los alojamientos, que antes era absolutamente excepcional, ahora se ha convertido en una forma de estar y de comportarse cada vez más normal.

Por no hablar del tráfico y la seguridad vial. Hay turistas que parece que se han dejado el cerebro de vacaciones, aparcan donde quieren, circulan en sentido prohibido y pisan el acelerador, en las carreteras y en el espacio urbano, como si les persiguiera el diablo. La inseguridad vial y los conflictos por el tráfico son otros fenómenos que también se está normalizando.

Y, para ser justo y alejarme de la xenofobia que tanto deploro, diremos que sí, que entre los habitantes de los pueblos del Cabo de Gata, también hay personas incívicas y con el cerebro en situación de vacaciones permanentes. Desde luego que éstos también ponen su granito de arena para convertir la situación en insostenible.

Y todo esto ocurre en un municipio cuyo Gobierno no tiene capacidad ¿o voluntad? (vamos a dejarlo en un fifty/fifty) para cumplir con sus obligaciones, que -en estas materias- no son otras que vigilar el imperio de la Ley y denunciar sus infracciones. Níjar dispone de una Policía Local raquítica para atender tantos núcleos de población y además carece del equipamiento mínimo imprescindible para poder atender las funciones que le encomienda la Ley. Por ejemplo no dispone de radar, de tal manera que una de las infracciones más graves en materia de seguridad vial en los núcleos urbanos de Níjar, ni siquiera puede ser sancionada, porque quien tiene que denunciar sus infracciones carece de los instrumentos necesarios para ello.

¿Dónde está el proyecto turístico sostenible para el Cabo de Gata?

La tormenta perfecta llega con la fiebre del ladrillo que se ha desatado en las localidades del Parque Natural, con la tolerancia, sino el impulso, del Ayuntamiento de Níjar y de la Junta de Andalucía. El último ejemplo de ello, que ni mucho menos es el único, es el maldito hotel que se quiere construir en Los Genoveses. Más presión sobre el Parque Natural y más presión para sus habitantes permanentes, que cada día ven como las deficientes infraestructuras de sus pueblos estallan con un incremento insostenible, como ha ocurrido recientemente con las fosas sépticas de San José. O con los largos apagones de luz que ha sufrido La Isleta del Moro.

El proyecto turístico de las Administraciones Públicas competentes para el Cabo de Gata es inexistente o, todavía peor, ha tomado como modelo a Benidorm. Y eso resulta totalmente incompatible con la existencia de un Parque Natural marítimo-terrestre, Geoparque y no se cuantas cosas más.

Así las cosas, el hartazgo ciudadano es cada vez más creciente y el Ayuntamiento de Níjar y la Junta de Andalucía parecen no querer darse por enterados. Por razones muy distintas de las que impulsan el rechazo al turismo en Barcelona o en las Baleares, aquí esa enfermedad se está gestando y crece cada verano. No, todavía no somos presa de la turismofobia, pero todo se andará. Como decía mi tía Encarna, que precisamente encarnaba la sabiduría popular andaluza: “Al tiempo”.



Compártelo

No te pierdas ninguna noticia. Suscríbete a nuestro canal de Whatsapp.



Más noticias de Opinión



Lo más leído de la semana

Compártelo

La Crónica del Parque, una comunicación independiente, plural, objetiva, útil e interesante para todos nuestros lectores y lectoras.