Al motor urbanístico de San José se le ha saltado todas las costuras y el remiendo comienza a ser preocupante. Entre playas incontroladas, mierda desperdigada a espuertas, incivismo por doquier y asaltos inmobiliarios aprovechando la agosticidad, la maravilla que nos ofrece el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar se está convirtiendo, cada vez más, en un espacio imposible para la vida cotidiana con el riesgo de convertirse también en un espacio hostil para el visitante.
Señalado por todos como un lugar emblemático y maravilloso dentro de la costa española y único para el disfrute de sus poblados, dunas, calas y playas, la sensación de asfixia para sus moradores y visitantes empieza a ser sofocante, consecuencia de un crecimiento turístico ilimitado en determinadas zonas y temporadas.
Vuelvo a San José, tras huir de la vorágine vacacional que comienza con el asueto escolar allá por el mes de junio, para reencontrarme con su vecindario, amigos, hábitos y lugares evocados. Una grata experiencia que incluye la visita y recorrido frecuente de otros territorios del Parque Natural Cabo de Gata, incluida la localidad de Níjar donde cada mes ejerzo de camarero ocasional a las órdenes de doña Wanda y del reducido equipo de entusiastas y desinteresados voluntarios de la asociación sin ánimo de lucro Cactus Níjar esCultura, organizando con gran éxito sus interesantes veladas musicales y culturales.
También regreso personalmente, sin haberlo abandonado desde la distancia, a la redacción de La Crónica del Parque, el periódico que ahora estás leyendo. Un proyecto ilusionante en el que desde hace algunos meses nos hemos involucrado un pequeño grupo de personas dispuestas a poner en valor y defender entusiastas la conservación medioambiental -la turística ya lo hacen los demás- del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar con el apoyo de organizaciones vecinales y ciudadanas, culturales, asociaciones ecologistas de la zona y también de la Corporación municipal pertinente.
Y ahora más que nunca, pues jamás este espacio natural ha recibido tantos visitantes y agredida su extensión de forma tan concluyente, con unos efectos colaterales que ya resultan insostenibles medioambiental y socialmente. Mas no hay nada que no se pueda mejorar si lo hacemos entre todos juntos, vecinos, visitantes, empresarios, organizaciones y administraciones.
El Parque Natural Cabo de Gata sufre un crecimiento insostenible que ya da muestras de descontrol, y que tiene fiel reflejo en las continuas quejas ciudadanas de sus vecinos. Vuelvo a San José y a su Parque Natural para anclarme en este portento de la naturaleza con la esperanza de disfrutar de sus costas y poblados, contemplar limpias sus calles y playas, imaginar más urbanidad en algunos moradores, y apreciar más cordura en los construgobernantes, una especie humana en peligro de desarrollo. Y retorno con la certidumbre de avenir un compromiso firme y responsable de todos ellos en busca de soluciones consensuadas y armonizadas para avanzar hacia un modelo más sostenible como única forma de lo que puede resultar una historia de éxito no termine naufragando.








