Se aproxima la Semana Santa y los políticos preparan sus hábitos, listos todos para darse fervorosos golpes de pecho en templos y catedrales o desfilando sufrientes, cirio mediante, en procesión. La presencia de los poderes públicos en los ritos católicos o también en fiestas patronales tirando cohetes es una constante que se transmite entre sus más significados representantes y que tiene su culmen en la semana de pasión. Diputados, corporaciones provinciales en pleno, alcaldes, concejales, Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, y hasta el Ejército se “movilizan” bien maqueados para rendir honores a las tallas de cristos y vírgenes que desfilan por nuestros pueblos y ciudades.
También en Almería donde la imbricación de la Semana Santa en la sociedad es tan grande que es difícil resistir a los principales cargos institucionales a darse una vuelta por las procesiones que desfilan por esta tierra. La excusa perfecta para que la ciudadanía identifique a sus políticos, que sepan quien les gobierna, o también a esos otros, en la oposición, que ni dios sabe cómo se llaman. Sin duda, un escaparate singular para su estimación. La comitiva política en la provincia ya ha comenzado con la presentación de los carteles correspondientes a fechas tan señaladas por parte de las diferentes Corporaciones. Incluso también mediante cromos – nada menos que 486 en un álbum de 54 páginas- como lo ha hecho la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Almería con la Semana Santa de la ciudad.
La fe es un asunto muy respetable, incluso a pesar de Europa Laica con sus continuas críticas a las distintas administraciones por el “trato de privilegio” que dispensan a las celebraciones católicas y fiestas patronales de nuestros pueblos y ciudades. La organización, que promueve la laicidad en las instituciones públicas, considera que ningún cargo institucional debe formar parte de acto religioso alguno. Clamar en el desierto.
En la actualidad la Semana Santa, con siglos de antigüedad, ha ido perdiendo su sentido originario, convirtiéndose en un festejo popular cada vez más alejado del mensaje religioso. Hoy las calles, seamos realistas, no se llenan mayoritariamente de fervorosos y/o afligidos creyentes al paso de la comitiva, se atestan de vecinos y turistas, celular en mano, que quieren revivir y retener un espectáculo que ancla a su territorio con una historia de siglos. Una representación que con la nutrida muchedumbre asistente en calles y plazas hace rebrotar el talante populista de nuestros políticos, encantados de formar parte del cortejo. Un aroma que estos próximos días recorrerá con fruición por procesiones, templos y catedrales de toda Almería, como del resto del país, ante la inequívoca complacencia del Clero.








