El cantautor, compositor y poeta Carlos Cano, un prodigio a la hora de interpretar los estilos tradicionales del sur peninsular relativamente olvidados como el trovo popular, la copla andaluza o el fado, es el autor de “Las murgas de Emilio el Moro”, uno de sus hits más recordados, que el granadino dedicó a su compadre don Emilio Jiménez (Emilio el Moro) «que me alegró las colas de la leche americana y el cartón de pobre. ¡A su salud!». En uno de los versos de esta inolvidable copla, Cano canta eso de: «Me han dicho que has puesto en Madrid un despacho de mucho postín, ¡Colócanos! ¡colócanos! ¡ay, por tu madre, colócanos!». Coplas en las que el cantante granadino supo dar otra dimensión al género, introduciendo la temática social de manera sutil a través de su gracejo y sarcasmo habitual.
Mas no solo cunde el enchufe en la capital del Reino a la hora de colocar al amigo o familiar como recitaba Cano en su copla, la práctica parece estar vigente en el resto del país cuando se trata, como en este caso, de empleo político. En efecto, se hace cada vez más habitual especialmente en ayuntamientos, diputaciones, parlamentos… donde estas instituciones se convierten en verdaderos centros de ocupación y refugio laboral de tantos políticos, que allí encuentran su estabilidad laboral durante, al menos, cuatro años. Y Andalucía no es ajena a este hábito, pues la Comunidad es también protagonista de esta singular cultura del enchufe político: ¡Colócanos! ¡colócanos! ¡ay, por tu madre, colócanos!
Con enorme poder institucional en la región al gobernar Andalucía con mayoría absoluta, además de siete capitales, ocho diputaciones y cientos de municipios, el trasiego del PP por el Parlamento autonómico es incuestionable: por los 58 escaños que obtuvo el partido en las últimas elecciones andaluzas ya han desfilado 80 diputados, sin contar los siete que renunciaron a coger el acta por diversos motivos, según el propio partido. Concretamente, en el caso de Almería, si ahora dejase el escaño alguno de sus diputados el siguiente en entrar seria ya el último de la papeleta electoral, el alcalde de Roquetas, Gabriel Amat, si bien tendría que dejar de presidir la corporación municipal, un cargo que lleva desde 1995. Y hasta podía darse el caso también de que los 109 candidatos en las listas del PP al Parlamento autonómico pudieran debutar en la Cámara antes de que acabase la actual legislatura el año próximo. Movimientos donde ninguno de los afectados ha pasado a engrosar las listas del paro, pues continúan perfectamente colocados en otros destinos a elegir entre las diferentes administraciones o en el propio partido.
Nunca el aparato administrativo de la Junta de Andalucía ha tenido tantos puestos de responsabilidad para ocupar, sin contar con la pléyade de asesores de “confianza” contratados, un eufemismo para justificar su colocación a dedo. Un ejército de enchufados bien remunerados, sin que en ocasiones se conozca su función real o referencia profesional y académica alguna, procedentes del propio partido o asimilados que como el inolvidable trovador granadino, llegado el caso, exigen resueltos y sin rubor alguno al empleador correspondiente eso de: ¡Colócanos! ¡Colócanos! ¡Ay, por tu madre, colócanos¡








