Antonio Fernández, miembro de una ONG
«Casi todas las noches siento pereza por salir a llevar la basura… estoy tan cómodo en mi sofá… en mi piso, donde si abro un grifo sale agua potable y si doy al interruptor se enciende la luz». Esta realidad que nos parece tan evidente desgraciadamente no lo es para todos. Los asentamientos de trabajadores migrantes del municipio de Níjar están ubicados en general en emplazamientos bajos, de difícil orografía y accesos cercanos a los invernaderos.
Por definición están a merced de la contaminación ambiental, lluvias, riadas o cualquier otra inclemencia. En muchos de ellos no hay suministro de agua potable, no existe sistema de saneamiento ni acceso a la electricidad. En este contexto, que los hace propicios para la aparición y consiguiente transmisión de enfermedades derivadas de la insalubridad, la acumulación de basura puede ser el detonante para el estallido sanitario definitivo.
La acumulación indiscriminada de basuras en los asentamientos provoca la contaminación del aire, especialmente cuando son quemadas, el suelo en el que se depositan y al agua a través de las filtraciones y las lluvias. Provoca enfermedades respiratorias y dermatológicas. El efecto crítico es la atracción y concentración de insectos y roedores que a menudo son portadores de enfermedades.
Durante la pandemia del COVID 19 el Ayuntamiento de Níjar instaló muchos contenedores y cubetas de recogida de residuos, que cumplieron un papel preventivo muy eficiente. Acabado el estado de alarma, muchos de ellos han sido retirados y nunca repuestos en sus habituales localizaciones. Las organizaciones humanitarias como Cepaim, el Servicio Jesuita de Migrantes o la Cruz Roja, trabajan en la concienciación de los asentados sobre la necesidad del control de la basura y en muchos casos están asumiendo el coste de la instalación y retirada de los contenedores, hasta donde llegan sus escasos recursos, ya acabados en este año. El peligro para todo y para todos es evidente, no afecta solo a los migrantes que allí viven cuando no están trabajando.
No sirve mirar para otro lado como si esta realidad no nos tocase de cerca, está ahí delante de nosotros cada día, aunque las autoridades se empeñen en esconderla. La solución es de un coste ínfimo, comparado con los riesgos permanentes a que se expone al total de la población y un grupo de personas estamos intentando que algo cambie, sería importante que los organismos pertinentes nos ayudaran.








